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Pobreza y discapacidad

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En la Asamblea anual de Amica hemos llamado la atención sobre la dramática situación que está planteándose a muchas personas con discapacidad y a sus familias, sumidas en una creciente pobreza.
Desde este foro hemos pedido multitud de veces que la crisis no se ensañe con las personas más vulnerables, que de ella todos tenemos que salir adelante. Es más, que no saldremos de esta situación si las soluciones no benefician a todos los sectores sociales.
Lamentablemente no estamos caminando por esa senda. A medida que se prolonga la crisis, más personas con discapacidad están quedándose sin recursos apenas para subsistir, creándose una dependencia económica cada vez mayor de sus familiares, de las pensiones de sus mayores. 

Podría pensarse que esta situación la sufre toda la población. No vamos a negarlo, pero en las personas con discapacidad se multiplica el problema. Un ejemplo es la altísima tasa de paro en España, que ronda el 27% de la población activa. Pues bien, las personas con discapacidad tienen una tasa de actividad del 27%. Es decir que si en España una de cada cuatro personas en edad de trabajar está desempleada, entre las personas que tienen alguna discapacidad, solo una de cada cuatro tiene opción de conseguir un empleo, y de ellas la mitad no logra trabajar. A lo que se añade además que la referencia de remuneración para una buena parte de las personas con discapacidad es el salario mínimo interprofesional, la mitad que el salario medio en España.
Imposible llegar a final de mes cuando el coste de la vida se ha incrementado como efecto de la subida del IVA, y el copago exige una aportación mayor al adquirir productos farmacéuticos, prótesis y órtesis. La discapacidad requiere de un mayor gasto en el cuidado personal, a veces en alimentación especial y frecuentemente en medicación. Una parte de los ingresos, sean provenientes de pensiones o de salarios, tienen que destinarse a estas necesidades básicas. Por lo que las otras, el alimento, el vestido, la vivienda resultan altamente costosas para quien tiene bajos ingresos.
El problema no es nuevo, pero se plantea con más dramatismo ahora, cuando los hermanos están en paro, los padres y madres que antes trabajaban están en un ERE alguno de ellos, y hay que recurrir a la pensión de los abuelos para hacer la compra. Conocemos situaciones en lo que los ingresos de la persona con discapacidad, aunque sean pequeños, se han convertido en una parte importante del sostenimiento familiar.
Para hacer más humana esta terrible situación económica y social es necesario entrar en los hogares, y conocer la situación por la que atraviesan las familias, muy lejana a los datos macroeconómicos sobre la prima de riesgo, el índice IBEX de la Bolsa, el Producto Interior Bruto, o la Balanza de Pagos. La realidad, también en muchas casas donde viven personas con discapacidad, es que una vez pagados los recibos de luz, agua, hipoteca o alquiler, a mediados de mes, no se puede ir a la tienda salvo para comprar lo imprescindible; que algunas medicinas se dejan de tomar con el riesgo de salud que supone, o que la alimentación especial resulta inasumible.
La situación fuerza en ocasiones a preferir tener en casa a sus familiares, impidiendo que acudan a centros donde podrían avanzar en su independencia y autonomía personal, a pagar la cofinanciación de los servicios; o que les resulte casi tanto lo que tienen que pagar como sus propios ingresos.
La Asamblea de Amica ha resuelto actuar. Hemos creado un Fondo de Solidaridad con aportaciones de las personas asociadas, de particulares y empresas mediante donaciones. Un fondo que sirva para paliar esta situación en la medida de nuestras posibilidades, para que a ninguna persona con discapacidad de nuestro entorno le falte el alimento, la medicación o la vivienda. Tres necesidades básicas, tres derechos fundamentales que la Constitución obliga a garantizar, a las instituciones públicas principalmente. Aunque resulta paradójico que cuando necesitamos más recursos para ayudar a la gente, las entidades sociales nos encontramos con mayores recortes.
Deberíamos darnos cuenta de que un país rico como España, perteneciente al continente más desarrollado como es Europa, no puede permitirse la vergüenza de que una parte de su ciudadanía pase necesidades, con la pretensión de conseguir determinados objetivos económicos. Una sociedad dirigida sobre datos de cumplimiento del déficit está dinamitando sus propios cimientos de justicia y solidaridad.
Es momento de unir esfuerzos entre la iniciativa social y las administraciones públicas, de coordinarnos las entidades sociales para que ninguna persona, ninguna familia, tenga que pasar por la pobreza. Para tender la mano a quienes necesitan de ayuda, superando la vergüenza que para muchas supone pedirla, cuando hasta hace unos meses vivía con dignidad. Nuestra mano abierta es una invitación a superar juntos este drama, porque este es un problema de todos.

Editorial Boletín de AMICA nº 75
Mayo 2013

 

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