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La mayoría de personas con discapacidad no son dependientes

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Diario de Navarra, Domingo, 9 de febrero de 2014
AINHOA PIUDO
PampLona

diario navarra.pngEl psicólogo Tomás Castillo presentó en Civican el libro "Avanzar en mi independencia", en el que aboga por "romper con la cultura de la protección excesiva" hacia las personas con discapacidad.

Tomás Castillo Arenal, psicólogo cántabro, experto en temas relacionados con la discapacidad y director de la asociación Amíca, trabaja por lograr un cambio de mentalidad a la hora de abordar el ámbito de la discapacidad. "Es un error hacer las cosas por el otro pensando que tiene menos posibilidades, aunque muchos crean que así estás ayudando", reflexiona, "Todos tenemos la necesidad de sentirnos independientes, de llevar la dirección de nuestra propia existencia", explica.

¿Por qué en los últimos años se tiende a asemejar discapacidad con dependencia?

La confusión entre ambas no debe existir. La dependencia es una necesidad de que otras personas nos apoyen para hacer las actividades de la vida cotidiana, que puede suponer necesitar ciertos apoyos técnicos. La discapacidades otra cosa, es una situación en la que distintas limitaciones pueden dificultar hacer las cosas como las hacen los demás. De hecho, en España existen cerca de cuatro millones de personas con discapacidad, y sólo un millón está reconocida con el derecho a las prestaciones de dependencia. La inmensa mayoría de las personas con discapacidad no tienen dependencia, ni posiblemente la tengan. Al menos, no de una forma diferente a la que podamos tener los demás al llegar auna edad avanzada. Pero sí es cierto que cada vez más se mide todo en términos de dependencia, y menos en términos de díscapacídad.

¿Seguimos siendo paternaílstas?

Quizás en nuestro cultura hay un exceso de cuidar. Se tiende a hacer las cosas por alguien, no a ser un apoyo a su lado. La discapacidad está muy relacionada con el entorno que rodea a una persona. Si se le dan facilidades o se le ponen obstáculos; si se le ayuda a que encuentre o un trabajo o se le manda a un centro especial; si se le considera uno más o se le trata como a un niño toda su vida.

¿Se ha superado lavisión asistencialista?

No la hemos superado, aunque es cierto que se están dando pasos Importantes. En Navarra, por ejemplo, a la Agencia para la Dependencia se le cambió el nombre y ahora se llama Agencia para la Autonomía de las Personas. Entiendo que no es sólo un cambio de nombre, sino de enfoque. El líbro trata de esto. De aportar ideas para cambiar el enfoque. De cómo podemos invertir en las personas, porque en la medida en que la sociedad invierta en ellas, van a aportar mucho más. Hay que pasar de modelos asistenciales a modelos de apoyo. De crear centros y residencías, a que los profesionales vayamos a donde están las personas. A su casa, a su comunídad, a su barrio.

¿No sigue habiendo muchas familias que piensan que un hijo con discapacidad está mejor atendido en un centro diferenciado?

Así se ha creído durante todo el siglo XX. La cultura social y profesional que ha existido es que las personas que tenían necesidades especiales tenían que ir a centros especializados. Ahora, la propuesta es que los especialistas vayamos a donde están las personas. Todos somos diferentes dentro de la diversidad humana. Nuestro gran error ha sido creer en la normalidad, eso nos ha despistado.

¿Hacen falta más recursos?

Más que de más recursos, tenemos que hablar de reconducir los que ya estamos empleando. Estamos atendiendo 24 horas a muchas personas que no necesitan más que determinados apoyos. Es como si tuvíéramos permanentemente hospitalizados a personas que tienen enfermedades crónicas pero menores. Tenemos que ir creando otros dispositivos, que tienen un coste menor. ¿Por qué no prestar esos apoyos para vestirse, ducharse, alimentarse, en su propia casa? De esta manera logramos que la persona viva en su hogar, que es algo que todos necesitamos. A veces pensamos que está mejor atendido en otro lugar, porque recibe apoyo especializado, pero allí no puede tener sus fotos, ese olor de su hogar, los recuerdos vividos en ese espacio. El modelo que se propone es apoyar a la persona solamente en aquello que necesita y durante el tiempo que le hace falta.

En Navarra ha crecido el núméro de plazas en residencias. ¿Estamos equivocando el rumbo?

Deberíamos tener las plazas como dispositivos de apoyo para las necesidades especiales, que también las hay. Muchas personas se ven obligadas a ir a residencias porque las casas no están adaptadas. No se ha quitado la bañera, la silla de ruedas no pasa por la puerta del baño, el ascensor no es accesible. Se trata de adaptar el entorno para que la persona tenga autonomía, y ojo, es una tarea que se ha de acometer pensando eu todos, porque si una persona joven se rompe un tobillo, también se encuentra con problemas. La accesíbilidad debe ser universal.

¿Los Gobiernos están mentalizados de este cambio de enfoque o van siempre un paso por detrás?

Ocurre, a veces, que las administraciones ven esto como un futuro idealista pero lo que proponemos es algo más sencillo, y no es otra cosa que tener las ideas claras. Saber hacia dónde tenemos que ir. En Amíca ,la asociación que yo dirijo en Cantabria, estamos haciendo ensayos permanentes para demostrar que es posible, no es caro y no es utópico. Otra realidad es posible.

Yo vengo encantado a presentar este libro en Pamplona, porque en el Gobierno de Navarra he encontrado una enorme receptividad a estos mensajes y a la necesidad de ponerlos en práctica.

Sin embargo, el Cormin se quejaba en el Parlamento de que el Plan Integral apenas se había ejecutado...

Lógicamente, no conozco la aplicación práctica, pero sí el desafío de las políticas en Navarra, y sé que van en esta línea.

¿El ámbito laboral se presenta doblemente difícil para estas personas en época de crisis?

No es que las personas con discapacidad tengan que tener menos oportunidades porque estamos en crisis. La cuestión es que tengan las mísmas y que las empresas contraten a las personas no por su discapacidad, sino porque hacen bien su trabajo. Se trata de abrir las puertas de las empresas para que no tengamos necesidad de crear puestos en centros especíales de empleo.

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