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La economía no tiene sentido si el fin no es que las personas ganen calidad de vida

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Domingo 25.11.12
EL DIARIO MONTAÑÉS
 


Tomás Castillo (Torrelavega, 1957) fundó en 1984 una asociación sin ánimo de lucro orien­tada a «descubrir las capacidades de cada persona». Aquel proyecto ilusionante es hoy un grupo empre­sarial con más de medio millar de trabajadores repartidos en sus 26 centros y núcleos de actividad, y el camino para que cientos de disca­pacitados de la región encuentren su propio proyecto de vida.

 

-Amica lleva más de 20 años creando oportunidades de em­pleo. ¿Cómo comenzó su andadu­ra y cuál es el balance?

-Amica se fundó como asociación hace 28 años y su proyecto de em­pleo se puso en marcha hace 20, con un objetivo claro que era formar a personas capacitadas laboralmente para crear oportunidades de em­pleo. El balance ha sido realmente positivo porque en estas dos déca­das han participado en los procesos de formación más de 2.200 perso­nas y hemos logrado más de 1.300 oportunidades de empleo. Esto es una gran demostración de que las personas con discapacidad, si tie­nen oportunidades, pueden traba­jar como los demás. Desde Amica tratamos de resaltar que los seres humanos tenemos capacidades ma­yores que las limitaciones y nues­tra misión es descubrirlas.

-¿Qué fue más difícil, poner la ini­ciativa en marcha o resistir a una crisis como la actual?

-Fue muy difícil poner en marcha el proyecto de Amica porque par­tíamos de circunstancias difíciles, de no tener ningún recurso, de ser desconocidos; en este momento, la crisis nos plantea también retos, pero la experiencia de Amica, la or­ganización que hemos puesto en marcha, la capacidad de respuesta y el reconocimiento social nos ha hecho muy fuertes ante la crisis. Esto no es comparable a cuando todo es empezar y abrir puertas.

-¿Cuál ha sido el impacto de la cri­sis en la situación económica y la­boral de la asociación?

-No ha sido menor ni peor que en otras organizaciones o instituciones, sino que quizás por la fortaleza que supone haber vivido en una crisis permanente, acostumbrados a la es­casez de medios, la crisis ha sido una nueva dificultad, pero dentro de una cadena de dificultades tremendas que hemos tenido en esta trayec­toria de 28 años. En los años 93-94 hicimos grandes inversiones para po­ner en marcha el proyecto de lavan­derías y estábamos en otra crisis, igual no comparable a la actual, pero sí im­portante. Nuestro objetivo en esta crisis ha sido mantener todos los ser­vicios en funcionamiento y todos los puestos de trabajo. Llevamos 5 años de crisis y Amica mantiene esa plan­tilla de 520 trabajadores. Está claro que hay ingredientes para conseguir­lo, como huir del 'sálvese quien pue­da'. Para nosotros lo más importan­te es el balance social. Conseguir la implicación de todo el mundo, esa idea de pertenencia a un proyecto, es clave.

-Hablar de Amica es hablar de traba­jo, formación, atención sociaL. De todos los retos conseguidos por Árni­ca, ¿de qué se siente más orgulloso?

-De muchas cosas, pero sobre todo de haber sido capaces de construir juntos un gran patrimonio social para Cantabria, como es Amica.

-¿El éxito reside en esta apuesta por la economía social?

-En gran medida sí. Pensamos que es necesario para que en la socie­dad haya oportunidades para todos. En la economía competitiva hay grupos de personas que, por circuns­tancias personales, quedan fuera del mercado de trabajo. Nuestro empeño es demostrar que esta eco­nomía social es viable, sostenible económicamente, que aporta a la sociedad un valor añadido y que, además de crear oportunidades de empleo, presta servicios a la socie­dad útiles y necesarios, como la con­fección de la ropa que se usa en to­dos los hospitales de Cantabria, el servicio diario de lavandería, tan­to para éstos como para clientes del sector hostelero, la recuperación de envases para su reciclado, con todo lo que supone de mejora am­biental, pero también de economía y de empleo. Pensamos que es po­sible prestar grandes servicios a la sociedad y, a la vez, que muchas personas encuentren su oportuni­dad de tener su vida, su futuro.

-Usted destaca la necesidad de pri­mar los valores humanos, y no sólo los económicos. ¿Cree que en un momento como el actual aún es posible mantener esta idea?

-Precisamente en el momento ac­tual es cuando hay que potenciar esta idea. La crisis se ceba con mayor fre­cuencia en las personas con menos recursos y es necesario poner en va­lor que la economía en sí misma no tiene sentido si no es para ganar ca­lidad de vida para las personas. La economía es un instrumento, no una finalidad. Los indicadores principa­les deben ser los de la calidad de vida, y no tanto la prima de riesgo o el ín­dice del Ibex, que siendo importan­tes deberían ser secundarios.

-¿Pero entiende que al empre­sario que acumula pérdidas le cueste tener esta percepción?

-Uno de los problemas que podemos padecer todos es caer en el error de que nada funciona si la economía no funciona bien. Una sociedad no se puede basar sólo en su economía. En momentos duros es cuando más ne­cesario resulta que los trabajadores estén muy implicados, apelando a esos valores humanos. A veces hay que asumir pérdidas económicas, pero ésta no puede ser la única alarma que suene. No es fácil, pero es posible.

-En las últimas semanas se ha in­tensificado la presión social contra los desahucios. ¿Qué opina del de­creto de ley aprobado por el Gobier­no, es un primer paso o un parche?

-En la medida en que tiene en cuen­ta situaciones personales graves (en­fermedad, dependencia, la existen­cia de niños...) se tiene que ver como un paso, pero significaría un parche si no se sigue trabajando. Todavía es necesario seguir avanzando.

-Otras de las últimas víctimas de los recortes han sido la teleasis­tencia y la asistencia domicilia­ria. ¿A estas alturas cualquier me­dida que se adopte es injusta?

-Nosotros apostamos porque se po­tencien, y no se limiten, este tipo de servicios, para que el traslado a una residencia sea una excepción. Hay que apoyar que las personas puedan seguir viviendo en su entor­no natural, donde tienen sus recuer­dos, sus vecinos, sus servicios. De esa manera se propicia que sean me­nos dependientes, y eso siempre es más barato en lo económico y mu­cho más rentable en lo social.

-Empresarios y economistas apun­tan a la necesidad de reinventar-se. ¿Comparte esta opinión?

-Completamente. Es necesario po­ner la imaginación al servicio de los objetivos que pretendemos. Tene­mos que ser muy imaginativos para que cada empresa encuentre su pro­pio hueco dentro de este nuevo mar­co económico y social. Nosotros tam­bién lo hacemos en Árnica, buscan­do sistemas de ahorro energético y de recursos, como el agua. Esto con­lleva un gran esfuerzo en la búsque­da de otros modelos de trabajo. Para salir de la crisis no hay que perder el carácter emprendedor.

-¿Qué opina de la gestión que está haciendo la Administración de la crisis, cree que hay vías alterna­tivas a los recortes?

-En Amica más que recortar buscamos la eficiencia, hacer lo mismo con menos recursos o incluso hacer más. Estamos inmersos en un gran plan de ahorro -este año ha sido del 8%- pero también somos conscien­tes de que hay que invertir en ma­quinaria, tecnología e innovación para adaptamos a la competitividad y apostar por los próximos 20 años de futuro. Nos parece que es el mo­mento justo. Si esto se puede trasla­dar como propuesta al Gobierno yo se la haría ahora mismo. Se sale ade­lante con políticas de ahorro pero acompañadas de políticas de inver­sión que generen empleo.

-¿La visión de la discapacidad aún debe evolucionar?

-Sí, porque hasta ahora hemos vis­to más al discapacitado, fijándonos en lo que no puede hacer y no he­mos visto sus capacidades. Ese es el cambio que pretendemos: lograr que todas las personas tengan oportuni­dades en igualdad de condiciones y que no les limitemos los demás.

-En su libro 'Déjame intentarlo' reivindica el derecho de los disca­pacitados a tener su propio pro­yecto de vida. ¿Cuáles son los prin­cipales obstáculos que lo impiden?

-Es muy importante que todos ten­gamos un proyecto de vida, que ten­gamos derecho a tener ilusión por conseguir unos objetivos. Y los obs­táculos están más fuera que dentro, en el entorno, más que en la pro­pia persona. Ponemos barreras in­voluntariamente, la primera cuan­do le miramos y le tratamos de for­ma diferente a nosotros, como si fue­ra de otro mundo. Cerramos muchas puertas sin darnos cuenta y esto es lo que tiene que cambiar.

-¿La sociedad está concienciada de la problemática y las posibili­dades de los discapacitados?

-Tiene que prepararse para que cuan­do tengamos una discapacidad -que todos conoceremos algún día (por en­fermedad, accidente o en la anciani­dad)- recibamos los apoyos que ne­cesitamos. Hay que pensar en el fu­turo de la ciudadanía. Nos hemos ro­deado de dificultades que cuando te­nemos una discapacidad se convier­ten en barreras insalvables. Se trata de hacer accesible para todos las co­sas, no sólo para los discapacitados.

-¿Qué opina de la ley de dependen­cia, está de acuerdo en cómo se planteó o cree que es mejorable?

-Estamos perdiendo una gran opor­tunidad que es la de utilizar la ley para promover la autonomía perso­nal. Aunque pueda parecer que es más gasto, la sociedad va a recibir un beneficio en la medida en que las per­sonas cuanto más autónomas somos necesitamos que nos presten menos servicios. El enfoque de la ley debe­ría ser dedicar los recursos mayoritariamente a que las personas pue­dan hacer su propia vida y aprendan a desenvolverse por sí mismos.

-¿Cómo cree que será el estado del bienestar postcrisis?

-Me preocupa bastante. No me gus­taría que el estado del bienestar de­pendiese de la situación económi­ca, sino de la conciencia de los go­bernantes, que entiendan que las personas son lo primero. Esa es la so­lución para mantener lo que hemos construido en las últimas décadas. De lo contrario, si se basa en pará­metros económicos el futuro para todos es preocupante.

-En incendio de la plaza de abas­tos de Reinosa destruyó una de las lavanderías de Amica. ¿Se ha podido reanudar la actividad en otro local? ¿Y la indemnización?

-Fue desolador. Te das cuenta de que un proyecto que cuesta tantos años levantar se consume en apenas dos horas. Hemos adoptado medidas para garantizar el servicio del cliente de la zona de Campoo, trasladando al personal a las lavanderías de Torrelavega y Santander y habilitando un al­macén en Reinosa para gestionar la distribución. Estamos en trámites con el Ayuntamiento y el asegurador para reclamar una indemnización por los 300.000 euros que se quemaron ese día. Sólo así podremos volver a poner en marcha el proyecto.

-De cara al futuro, ¿qué es lo que más le preocupa?

-Nuestro gran referente para la cons­trucción del estado del bienestar es la Europa de la ciudadanía, cada día más temerosa, menos resolutiva de los problemas, dejando incluso a los países en manos de los mercados. Yo tiendo a ser optimista, pero tene­mos que producir un cambio radical en la actitud de los gobiernos para emprender un camino de construc­ción europea, de la Europa de los va­lores compartidos, de la búsqueda del bienestar. Si no se produce el fu­turo es muy incierto y posiblemen­te nos obligue a comenzar muchas cosas que ya estaban construidas.

-Es suya esta afirmación 'El fu­turo es de los jóvenes, pero no hay futuro sin los mayores'. ¿Cree que deben jugar un papel más activo?

-Estamos en el año europeo del en­vejecimiento activo y la solidaridad intergeneracional, una llamada a la reflexión, porque son los mayores los que han hecho que podamos dis­frutar del nivel de vida y de desa­rrollo actual. Con su esfuerzo y su sacrificio sacaron adelante a sus fa­milias y crearon el tejido económi­co y social que ahora tenemos. Qui­zás las generaciones de jóvenes han pensado que el progreso es natural, pero la crisis les está demostrando que esto no es así. Es más, para sa­lir de la crisis es necesario poner en marcha de nuevo valores que fue­ron útiles para llegar a este grado de desarrollo y de bienestar. Los ma­yores tienen que jugar un papel de transmisión de estos valores. Tene­mos que darles la oportunidad, abrir esos cauces (en colegios, en centros de formación, en universidades...).

-A su juicio, ¿qué valores se de­ben reforzar para salir de la crisis?

-Esfuerzo, austeridad, trabajo con­junto, solidaridad y el valor de las personas. No caigamos en la tram­pa de los números.

 

 

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