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Una década trascendente para la PERSONA

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Editorial
Boletín de amica nº 85

boletin085_1.jpgEn 2016 se cumplen 10 años de la aprobación en Naciones Unidas de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Un documento que marca un hito en la historia de nuestro movimiento. Los derechos de las personas con discapacidad están reconocidos en la Constitución y en las leyes, pero no estaban siendo protegidos en su dimensión real, como derechos humanos. 

Incorporar la Convención a nuestro ordenamiento jurídico nos ha permitido exigir como ciudadanos lo que antes teníamos que pedir por caridad o por solidaridad. Ahora nuestras leyes han de proteger especialmente el derecho a decidir de cada persona, su libertad para tener vida propia, elegir a las amistades, formar una familia, contar con un trabajo, una vivienda, tener recursos para una vida digna.

Desaparece el tener que normalizarse, que integrarse. Somos personas en las que se manifiesta, como en todas, la diversidad humana. Tenemos derechos a crecer con los demás niños, jugar como uno más, educarnos en escuelas inclusivas, formarnos en centros como los otros jóvenes, trabajar con las demás personas. Esto es lo que proclama la Convención.

Tenemos mucho camino por recorrer. Aún la Convención es una desconocida entre muchas personas con discapacidad, por sus familias, por los profesionales, incluso los dirigentes de entidades. Hemos de conocer y ejercer los derechos porque eso crea oportunidades, dignifica a la persona; nos hace a todos más humanos.

Celebramos asimismo los 10 años de la promulgación de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal. Un norma que dió un paso decisivo en el reconocimiento de la autonomía como un derecho fundamental de la persona. Cuando comparecí en 2005  en el Congreso de los Diputados para dictaminar el Libro Blanco sobre esta Ley, propuse que se llamase así: “Ley de promoción de la Autonomía personal”, más que ley de la dependencia. Se tuvo en consideración el cambio de nombre, no tanto el enfoque de las políticas, que han dedicado casi todos los recursos a la atención a la dependencia.

Incluso los gobiernos autónomos han querido ahorrarse presupuesto cargando al Sistema de Atención a la Dependencia parte de los gastos de plazas que estaban destinadas a las personas con discapacidad. Y exigieron tener algún grado de dependencia para poder recibir apoyos en centros, restringiendo las oportunidades de acceso de miles de personas. Con los recortes incluso se limitó el acceso a prestaciones de personas con discapacidad que solo tenían dependencia leve.

La Ley en vez de reforzar las oportunidades de las personas para adquirir más capacidad de hacer por sí mismas las actividades cotidianas, para decidir por sí mismas sobre todo lo que concierne a sus vidas, ha servido para financiar servicios a personas y a familias con dependencia grave o severa. Actividad que es necesario realizar, pero no casi en exclusiva como ha ocurrido. Es decir los principales recursos deberían dedicarse a la prevención, promoviendo que las personas puedan tener la mayor autonomía posible en sus viviendas, en la comunidad, realizando una vida activa y saludable.

Todos los estudios demuestran que la inversión en la autonomía de las personas retrasa la aparición de situaciones de dependencia, y cuando aparecen son más leves.  La autonomía produce mayor calidad de vida, mayor satisfacción y produce una mayor riqueza social, porque la participación ciudadana, de toda la ciudadanía es muy beneficiosa para la sociedad, incluso en lo económico. 

Diez años después hemos de reclamar con el CERMI la reformulación de esta Ley, que tan malinterpretada ha sido. Que lejos de ser el cuarto pilar del Estado del Bienestar, como nos dijeron, se ha convertido en un problema para financiar la innovación en apoyos a la autonomía personal. Las entidades necesitamos recursos para apoyar que cada persona sea protagonistas del cambio social que tanto necesitamos, modificando la mirada del otro, para ser vista siempre como PERSONA, con capacidades, como cualquiera, con derecho a tener oportunidades como los demás. 

También hace 10 años publiqué el libro “Déjame intentarlo”, que lo presentamos en el Congreso de los Diputados. Un documento que ha servido a muchas personas para tomar conciencia de que la discapacidad es algo natural, que conoceremos en algún momento de nuestra vida; que nadie es normal o anormal, sino sencillamente diferente, porque todos los somos dentro de la diversidad; que la limitación que tengamos en cualquier momento de nuestra vida es una mera circunstancia porque somos siempre primero PERSONAS.

Una década transcendente sin duda para entender que todas las personas tenemos derecho a tener una vida propia. Que nadie nos lo impida.

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